Hoy
Islandia se ha convertido en el país más prospero sometido a la crisis
de la deuda. Consiguió acabar con un gobierno corrupto y
parásito.
Encerró a los responsables de la crisis financiera en la cárcel. Empezó a
redactar una nueva Constitución
hecha por ellos y para ellos. Y hoy, gracias a la movilización, será el
país
más próspero de un occidente sometido la políticas financieras de los
bancos.
Lo lograron, gracias a la fuerza de toda una nación.
Este pequeño país
del periférico
ártico rechazó rescatar a los bancos. Los dejó caer y aplicó la justicia
sobre
quienes habían provocado ciertos descalabros y desmanes financieros. Los
matices de la historia islandesa de los últimos años son múltiples. A
pesar de
trascender parte de los resultados que todo el movimiento social ha
conseguido,
poco se ha hablado del esfuerzo que este pueblo ha realizado. Del límite
que
alcanzaron con la crisis y de las múltiples batallas que todavía están
por
resolver. Sin embargo, lo que es digno de mención es la historia que
habla de
un pueblo capaz de comenzar a escribir su propio futuro, sin quedar a
merced de
lo que se decida en despachos alejados de la realidad ciudadana. Y
aunque sigan
existiendo agujeros por llenar y oscuros por iluminar.
La historia de
Islandia es una de
las más buenas noticias de los tiempos que corren. Sobretodo después de
saber
que según las previsiones de la Comisión Europea, este país del norte
atlántico, cerró el 2011 con un crecimiento del 2,1% y que en 2012, este
crecimiento será del 1,5%, una cifra que supera el triple que la de los
países
de la zona euro. La tendencia al crecimiento aumentará incluso en 2013,
cuando
está previsto que alcance el 2,7%. Los analistas aseveran que la
economía
islandesa sigue mostrando síntomas de desequilibrio. Y que la
incertidumbre
sigue presente en los mercados. Sin embargo, ha vuelto a generar empleo y
la deuda
pública ha ido disminuyendo de forma palpable.
La revuelta
islandesa no ha
causado otras víctimas que los políticos y los hombres de finanzas. No ha vertido ninguna gota de sangre.
No ha sido tan llamativa como las de la Primavera Árabe. Ni siquiera ha
tenido
rastro de mediática, pues los medios han pasado por encima de puntillas.
Sin
embargo, ha conseguido sus objetivos de forma limpia y ejemplar.
Lucas Andino
Lucas Andino
