"Chávez, te conozco. Dile a tu pueblo que tienes que ser disciplinado, ellos te van a entender. Que no crea nadie que ya pasó todo". Ese fue el último consejo que le dio Fidel Castro a su amigo Hugo Chávez antes de que regresara a Venezuela el mes pasado tras operarse en Cuba por una recurrencia del cáncer. Castro, que lo conoce bien, parece advertir que el primer adversario que enfrentará el presidente venezolano en su carrera por la reelección será a sí mismo: una lucha entre el hombre enfermo que necesita calma y reposo y el avezado candidato que quiere seguir el ritmo que le imponen los comicios más desafiantes desde que llegó al poder en 1999.
"Para Chávez, ser presidente no es un trabajo de 9 a 5, sino una misión, casi una vocación religiosa. Ahora está en una batalla no sólo por su vida sino por la supervivencia de su revolución", dijo el escritor estadounidense Bart Jones, quien entrevistó al presidente varias veces para su libro Hugo!. "La obra de su vida está en juego y significa demasiado para él como para dar un paso atrás".
Chávez tiene que liderar su propia campaña de reelección porque no hay otro Chávez en Venezuela. Es una figura única y no parece haber nadie en el oficialismo capaz de reemplazarlo. El Comandante-presidente ha descartado retirarse de la contienda y por el momento tampoco parece estar dispuesto a ceder el papel estelar en la campaña mientras sus palabras siguen reverberando a lolargo y ancho del país petrolero. "Dame tu corona Cristo, dámela, que yo sangro. Dame tu cruz, cien cruces, que yo las llevo", suplicó, con un rosario al cuello, ante la imagen de la pasión del Nazareno. "Pero dame vida, porque todavía me quedan cosas por hacer por este pueblo", clamó.
Marcio Parks
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